Vivimos en un mundo donde todo tiene un doble
sentido. No hay nada que se diga que no se malinterprete. Quizás esa sea la
clave de la mayor parte de los problemas de este mundo. Pero, como pasa con
todo, también pasa con los proverbios y refranes. Hay algunos ejemplos bastante
interesantes.
Siempre
se dice que: "no sabemos cuánto valoramos algo hasta que lo
perdemos". Aquí hay dos perspectivas, nosotros podemos ser el sujeto, el
que realiza la acción, el que no sabe lo que valora hasta que lo pierde, o, por
el contrario podemos ser el objeto, o sea, cuando somos nosotros lo que se ha
perdido, ¿Cuando lo perdido somos nosotros, qué pasa? Cuándo nosotros somos lo
perdido, podemos darnos cuenta de lo valorados que somos por quién nos haya
perdido. Quizás muchas personas estén por ahí, pensando en cómo han
desperdiciado una amistad, un amor, sin saber qué piensa el bando contrario,
sin saber qué valoración de esa persona tiene la otra parte. Y, aunque a veces
duela, es mejor así, porque puedes llegar a saber de verdad quién está
dispuesto a luchar por ti y quién prefiere girarse e irse con el primero que
pase. Es posible que, si eres consciente de cómo se te ve cuando algo pasa,
cuando algo acaba, puedas acabar antes con ese sentimiento de responsabilidad
que te corroe. Quizás así te des cuenta de que no era solo una persona la que
tenía el problema contigo, sino que todo su entorno te ve como un problema y
necesitan de tu extirpación.
Otro de los
típicos dichos que puede contener un doble sentido es este: "dos no pelean
si uno no quiere". En un país en el que la violencia es la principal forma
de expresión, esta expresión no podía sino tener una acepción violenta. El
problema es que la mayor parte de las personas no son capaces de ver el doble
sentido en esta oración. La clave, aquí, es la palabra "pelea", que
según la RAE, es: "combatir o contender con o sin armas". Pero, más
abajo, hay otra acepción, algo oculta, que es esta: "afanarse, resistir o
trabajar continuadamente por conseguir algo, o para vencerlo o sujetarlo".
Quizás no sea típico aplicar esta acepción a la expresión de antes, más bien es
raro, casi imposible que pueda ocurrir. Pero, mirándolo desde otra perspectiva,
puede que no sea tan raro usar esta acepción en el dicho. "Dos no pelean
si uno no quiere". Dos no pelean por una relación, no luchan por
mantenerla, por sacarla adelante, por hacerla más fuerte a los factores
externos, si uno de ellos no quiere. Una pareja, normalmente, termina su
relación sentimental por culpa de uno de los protagonistas: o no se entrega lo
suficiente, o se entrega demasiado, o busca algo diferente a lo que tiene. Pero
también pasa con las amistades. Una gran amistad no puede serlo si solo uno de
los implicados quiere que lo sea. Para que una gran amistad exista, deben haber
dos personas que luchen por sacarla adelante, por hacerla factible, por
quererse de verdad.
En un mundo tan
cerrado mentalmente como en el que vivimos, llegar a pensar que estas
acepciones "diferentes" de dichos que todos conocemos y que usamos
asiduamente es casi una utopía. ¿Pero que es la vida, sino luchar por los
sueños de uno? Yo aún sueño con poder decirle a mi mejor amigo que le quiero
sin que piense que lo quiero empotrar contra una pared para sodomizarlo. Yo
sueño con un mundo en el que las personas puedan mostrarse tal y como son, sin
tapujos de ningún tipo, sin miedo al qué dirán. Pero, como dice otro dicho
popular, los sueños, sueños son.
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